Globalización y Educación.
DEL INTERIOR A LOS BRAZOS ABIERTOS
Cuando, en lo más recóndito de mis ausencias, en el diálogo íntimo del yo, ahí, en el silencio absoluto de mis oraciones; puedo sentir el abstracto de la universalidad y al mismo tiempo, el poder ejercer el sentido de la unicidad.
Son impávidos momentos de racionalidad y derivados de ellos, una sola realidad. Con el mundo, con sus formas, leyendas y lenguaje y así, me inserto poco a poco en la gran burbuja llamada globalidad.
Desde mi encuentro conmigo, accedo sin dilucidarlo demasiado, en el proceso lento, no efímero, de homogeneización; trasciendo y transmuto, esencias, ideas, creencias y métodos que se dispersan por todo mi entorno local y crecen y se eco transportan como las ondas en el río, que la piedra lanzada desde el aire al caer, genera.
En ello, entiendo el riesgo de ínter depender, paulatinamente, de la micro unidad que representa mi entorno, al espacio cada vez más grande de la Identidad mundial global.
Del pertenecer a un conglomerado que me ubique en tiempo y espacio y que acorde, trascienda de lo conceptual a lo cognitivo y de ello, a la sublimación mental, Está el riesgo.
Paralelamente surgen las constantes de ¿cómo abstraer tanta sinergia y no ser lanzados en la vorágine de lo masivo?, ¿no desvirtuar aquello que nos permite adaptar y no ser blandidos en esta interconectividad?, ¿cómo derivar en una formación global del sentido del mundo, desde lo que se puede y lo que se quiere, sin que exista una confrontación en ello?
Lo paradigmático me intenta definir, pero en la búsqueda de la pertenencia, se sabe desde lo básico, que no hay globalidad posible sin una definitoria de localidad; que lo que hoy “exporto” al mundo desde mis propios nichos, es aquello que se traspola a un todo y determina lo social, cultural y por supuesto, económico.
Ante ello, no será menester propio, el intentar dilucidar lo que la globalidad implica en los macro entornos preexistentes, sino desde esta tribuna muy rupestre y en la plataforma de la educación, considero, insisto y retomo, puede ser el abanico de opciones que permitan un entendimiento inteligente, propositivo y transformador de la vinculación entre lo diverso a lo igualitario sin denostarse, desde el conocimiento aplicado, en un marco simbiótico, mesurado y culturalmente emprendido y aprehendido.
APRENDER A VER Y ENTENDER
Los procesos de globalización exponen de manera cruenta los diferendos de los cuales el ser humano como tal, es capaz de gestar en aras de la modernidad, misma que implica desarrollo tecnológico y científico, y la posibilidad de obtener el poder, que en la toma de decisiones afectan a un conglomerado. Ello, en un común entendido de identidad, significa progreso y obtención “legal” de derechos.
Las enormes diferencias entre conceptos de justicia y su nula jurisprudencia, trastocan el ideal de emancipación de cualquier pueblo que aspire a ser libre, soberano y recto.
Somos nosotros mismos a través de nuestras pequeñas células de influencia, que sin medida ni razón, fortalecemos las divergencias, por una parte, aceptando el masivo cultural de influencia a través de fenómenos como el consumismo, sin analizar ni evidenciar los beneficios o perjuicios que tal hábito genera.
La racionalidad dispuesta en el mundo para todos, es sin duda, un concepto denominado moderno de la sociedad actual, en la cual, la dominación se da precisamente desde las esferas del conocimiento, su producción y potestad, efectúan las transformaciones culturales que determinan a éstas y las homogeneizan o las dividen hasta el punto de la sangre.
Por otra parte, la Identidad referida a determinadas pautas, masivas y geográficamente imperceptibles, concatenadas con el hilo perfecto del lenguaje, estructura en formas absolutas e imperialistas los modos de ser, estar y gastar, más adecuados para el mundo, dejando fuera toda propuesta diferente de ser humano.
En estas tres esferas, podemos entender el status de la globalidad y cómo, desde las propias, se pueden establecer las transformaciones no para superponer, sino para concatenar armónicamente la diversidad y la alternancia.
La asunción de lo global, no sólo nos permite traspasar fronteras y tratar de entender los conceptos que definen a otros grupos sociales, además, permite la maravillosa oportunidad de transmitir ideas que derivan en otras personas como entidades emotivas, racionales y reales que despliegan otros tantos, conocimientos inéditos hasta que se comparten.
La forja de “mentalidades” cimienta entonces, todos aquellos conceptos que determinan a culturas enteras, lo que entendemos como nuestro mundo.
Esta unidad de valores y entendidos nos conduce irremisiblemente a revaluar aquellos conceptos de lo homogéneo para empezar a conceptualizar a su vez, lo que debemos entender por “bien homogéneo” y “mal homogéneo”.
Buscar procesos de equidad que fortalezcan lo igualitario para un beneficio colectivo sin que ello represente una obstrucción y detrimento al crecimiento cultural regional. Es decir, reconstruir los sistemas culturales para determinar conforme a derecho lo válido de lo ilegal, lo democrático de lo ético.
Así, podemos comenzar a proponer situaciones que, el ser como tal, asuma desde su pronta comprensión de estar inserto en un estrato compartido.
EDUCACAR ES FORMAR
Los cimientos de toda cultura o sistema, se reproduce incansablemente a partir de la constante escuela-familia-sociedad; en esta trinidad cultural, los individuos asumimos roles, aspiraciones y métodos para llegar a lo perfectible desde la cosmovisión “sugerida” a priori por otras grandes culturas dominantes poseedoras del poder, por supuesto, económico y por ende, social.
O tal vez, primero es lo social lo que busca los cambios y de ello se derivan las consecuentes formas de hacer economía y entonces, por ende, de dominación.
Pero de manera alterna y un tanto sesgada a las divagaciones conceptuales que me acechan, considero que el aspecto cultural de las sociedad, que en un sentido estricto va ligado a la producción de formas culturales, es en ésta misma, en la que se reproducen en sí otras tantas formas, estableciéndose como un ente independiente de influencia a la sociedad misma que la gesta y a los poderes a los que se sujeta.
Por ello, en esta convergencia de trasformaciones, podemos hablar de procesos que, aunque están dados de modo intrínseco, existe la posibilidad de establecer otros, inmersos en el mismo entramado cultural.
La educación es uno de tantos procesos que se auto generan ante la ingente necesidad de saber y por la obtención de conocimiento por sí mismo, que rebasa a esta propia necesidad.
Es a partir de este nicho formador que nos podemos apropiar de la libertad que implica la toma de decisiones que inciden en un grupo determinado.
El fenómeno de la globalización ya está dado como tal desde tiempos remotos y desde perspectivas ampliamente conocidas, ahora, es prácticamente imposible poder encontrar algo “nuevo” más allá de los confines del pacífico de China, con el pacífico de Canadá y no saber los modos de vida de comunidades del Polo sur o Groenlandia.
Ante tal situación, la globalización no es “algo” fuera de nuestro cotidiano, es lo cotidiano mismo, con perspectivas y variantes culturales, con métodos económicos dominantes y sin concomitancia geográfica.
La libertad es entonces un concepto virtual ejercido por aquellos que, concientemente, elaboran análisis de percepción del mundo que les rodea y deciden convivir con el conocimiento obtenido como modelo de producción.
PROPUESTA
Así, para ejercer esta libertad, la educación puede establecer plataformas para comprender la vinculación con la “globalización”, que debe ser tarea principal de sociedades en vías de desarrollo que corren el riesgo de ser sometidas ideológicamente, y subvencionar las estructuras culturales que conllevan la misma suerte, de ser extinguidas por aquellas dominantes.
I) Desde los programas en educación pública gestados por los gobiernos, hacia una meta que genere redes de conocimiento por niveles.
Ello implica comprometerse a establecer el entendimiento de la riqueza cultural heredada desde edades tempranas, para fomentar conciencia y respeto por el origen para comprender la diversidad.
II) Asimismo, enseñar a aprender las formas de analizar el mundo moderno, desde las diferentes formas de manifestarse por las culturas como la religión, su medio ambiente, economía y lenguaje.
III) Trascender por los niveles escolares, con la certeza de saber distinguir entre acciones globales y referentes locales, respeto por lo diverso y al mismo tiempo, capacitados para ser un ciudadano cosmopolita.
Las estrategias emprendidas por los gobiernos son sin duda, las principales acciones para establecer sociedades maduras con competencias a nivel mundial. Es desde la tribuna oficial que se debe perseguir objetivos de vinculación armónica, con fenómenos en los que indefectiblemente circulan y afectan a un conglomerado.
Las aulas, en el espacio académico, son la plataforma ideal para no sólo sentar bases de cambio cultural, sino para trascender al desarrollo por los puntos que ponen en movimiento equitativo, a una nación con respecto de otra.
CONCLUSIóN
En la medida que fortalezcamos la enseñanza del Ser, su interrelación con el mundo y sus formas, a entender cómo se originan los procesos de planificación de oportunidades, sustentabilidad del medio ambiente, podremos, entendido lo anterior y en un marco real y conciente de estar generando conocimiento, aspirar a que éste mismo se aplique como elemento fundamental para la incidencia volitiva de avance social.
La pobreza, (extrema o no) las enfermedades endémicas, las diferencias abismales de acceso a servicios básicos pero fundamentales, el analfabetismo (real y funcional), ecosistemas dañados e inaccesibilidad a infraestructura digna; deben ser erradicadas a partir, precisamente de la visión y función global, de la homogeneidad de criterios para efectuar y aplicar concretamente lo necesario en virtud del sentido de globalidad, por el aporte y compartimiento de información.
En ello deben radicar los constructos filosóficos que le den sustento a la convivencia comunitaria, masiva y lograr a través del conocimiento aplicado la posibilidad de ejercer una libertad de enfoque en el desarrollo armónico de las personas.
La educación es hoy, uno de los nichos transformadores de conglomerados, que gestan cambios profundos en las sociedades a través de su vinculación con la cosmovisión propia en interrelación sana con la diversidad cultural.
La ínter subjetividad en los humanos es aquella herramienta que nos dispondrá en el tablero de la globalización, la que junto con el poder de la información, dará a los sujetos desde su localidad, emplear la libertad que otorga el conocimiento y, así incidir plena y enfáticamente en lo que se le pide al sector que gesta y ejerce las políticas económicas y sociales, para lograr el equilibrio permanente entre ser parte de una totalidad con respeto por la idiosincrasia concreta y particular de la misma, sin trastocar al dignidad de las esencias.
Erika C. Malpica Alcántara
Aspirante a Master en Comunicación,
por la Universidad de Xalapa.
Xalapa, Veracruz, México.
Junio, 2005.
