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Categoría: economía

19 Julio 2005

LA GLOBALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA MUNDIAL:LA REALIDAD Y EL MITO

Dr. Osvaldo Martínez
Director del Centro de
Investigaciones de la
Economía Mundial (CIEM)
Casi es imposible abrir una revista, escuchar noticias,
asistir a seminarios académicos o leer un periódico sin que
nos indiquen que viajamos en un planeta que se ha globalizado
y que en dicho intrincado y evidente proceso la globalización
de la economía mundial es como la tutora de todos las otras
abundantes globalizaciones: la tecnológica, la de los medios,
la cultural e incluso la globalización de los modos y maneras
de destruir el medio ambiente.
Se nos habla de una nueva “economía-mundo” en la que los
estados nacionales casi se han disuelto y perdido el sentido
la soberanía nacional, en virtud de unas tendencias
universales que han ido diseñando un traje de igual color y
estilo para todos los países: un uniforme que todos deben
llevar como distintivo de formar parte de la modernidad. Rios
de tinta han corrido en innumerables libros y artículos sobre
globalización. Decenas de interpretaciones diferentes tienen
un proceso del que muchos hablan aludiendo a realidades o
ficciones en las que lo único común es el término
globalización. Este término, tal vez por su generalidad y
ambigüedad unidos a una aparente y decisiva capacidad de
sobredeterminación, está sirviendo para intentar explicar
muchas cosas.
Desde la fiebre por el uso de nuevas y más sofisticadas
computadoras hasta el auge del narcotráfico, todo puede ser
explicado por la globalización sin necesidad de culpables,
pues se trataría de algo tan objetivo e ineluctable como la
salida y puesta del sol. Hasta los revolucionarios
arrepentidos presentan la globalización como justificación
para la deserción, pues se dice que ella no deja espacio para
plantearse transformaciones revolucionarias1
Tanto uso y abuso de la globalización merece separar la
realidad de la ficción, la tendencia objetiva de la
manipulación ideológica.
La globalización de la economía mundial no es una mentira ni
una perversa invención transnacional. Es un proceso objetivo
del capitalismo de nuestros días, pero en modo alguno equivale
al triunfo universal y definitivo de ese sistema ni a la
abolición de las contradicciones entre clases sociales o entre
países y de regiones, ni a la cancelación de las
transformaciones revolucionarias, ni tampoco a la inevitable
adopción como camisa de fuerza, por todos los países de un
cierto patrón de conducta en su política interna y externa.
Es evidente que la economía mundial de 1996 es diferente a la
de 1970 y aún más a la de décadas anteriores. No se trata solo
1Jorge Castañeda; “La izquierda en ascuas y en ciernes”.
“Las posibilidades de grandes trastocamientos del orden económico y social interno de un país o una
región siguen siendo diminutas debido ante todo a las restricciones externas impuestas por la
globalización”.
de las magnitudes del comercio internacional, de los
movimientos de capital o de las transacciones bursátiles sean
mayores, sino que existe un superior grado de interpenetración
de economías nacionales ahora más cercanas por la revolución
en los medios de transporte, mucho mejor comunicadas por la
revolución en los medios de comunicación y transmisión de
información e integradas en una red transnacional tejida por
un capital que tiene ahora una movilidad internacional
enormemente superior a la de sus bisabuelos del siglo pasado.
Puede comprenderse el sustrato tecnológico objetivo de la
globalización actual si comparamos las largas semanas y meses
de navegación entre Europa y Las Antillas en el siglo pasado
con las pocas horas que hoy demoramos en trasladarnos, o el
engorroso envío de información y documentos del pasado con el
uso del fax, el correo electrónico, los satélites. u las
reducidas posibilidades que la tecnología ofrecía para la
realización de la vocación internacional que el capital posee
desde su cuna, con las pasmosas posibilidades que ahora
permiten mover miles de millones de dólares en segundos hacia
casi cualquier punto del planeta, accionando los mandos de una
computadora.
Sobre esa base tecnológica e interaccionado con ella, ha
ocurrido un enorme crecimiento del comercio mundial, de los
movimientos internacionales de capital y en especial, del
capital en forma financiera, a ritmos mayores que el
Revista Nueva Sociedad No. 141. Enero-Febrero 1996, pág. 22.
crecimientos de la producción o de los indicadores productivomateriales
o de servicios que conforman la economía “real”. La
llamada burbuja financiera formada por la especulación en
títulos de valor le ha dado el sello tal vez más
característico a los últimos 20 años de la economía mundial
con su vertiginoso crecimiento. Esto ha llegado a acuñar el
calificativo de economía casino para designar a esta
desenfrenada especulación financiera alimentada por la
desregulación y el aperturismo en tanto expresiones de la
oleada neoliberal, que con sus matices nacionales ha invadido
la economía mundial y conquistado posiciones de mando en las
políticas económicas.
Entre los años 1950 y 1990 la producción mundial creció 5
veces, en tanto que el comercio mundial lo hizo en 11.5 veces.
Pero más revelador es que en 1970 el 90% del capital empleado
en transacciones internacional era real, mientras que al
finalizar 1995 dicho capital no iba más allá del 30%. Según
cálculos del Harvard Business Review por cada dólar emanado de
la producción y el trabajo productivo, circulan actualmente en
la economía mundial entre 30 y 50 dólares surgidos del mercado
financiero, girando en la ruleta de la economía casino.
Los depósitos bancarios se calculan a nivel mundial en unos
800,000 millones de dólares, pero circulando en los circuitos
especulativos existe una fabulosa suma que duplica la anterior
que da cuerpo a esos llamados capitales golondrina que se
mueven a gran velocidad sin reparar en las fronteras
nacionales. Ellos acuden allí donde concurren condiciones
favorables a la especulación, creando una frágil ilusión de
modernidad y fugándose masivamente al primer signo de
reducción de ganancia o posibilidades más beneficiosas en otro
escenario. Al ocurrir en México el asesinato del aspirante
presidencial Luis Donaldo Colosio, se fugaron de ese país más
de 4,000 millones de dólares en solo 24 horas.
Es por tanto, el capital financiero y en particular la
especulación financiera exacerbada por la desregulación, el
signo definitivo de la globalización de la economía mundial.
La globalización del mercado financiero es una realidad, pero
lo es también la volatilidad, la inestabilidad que representan
enormes masas de capital moviéndose erráticamente, sin
regulación efectiva, y con enorme capacidad destructiva como
para poner en crisis a economías nacionales y gobiernos en
pocas horas. También es cierto que este proceso por el cual se
separan cada vez más la masa de capital especulativo de la
base productiva real, tiene límites y no asegura buena salud
para el sistema. Alguien tan imposible de acusar de marxista
como John Maynard Keynes expresó: “Los especuladores pueden no
hacer daño cuando sólo son burbujas en una corriente firme de
espíritu de empresa, pero la situación es seria cuando la
empresa se convierte en burbuja dentro de la vorágine de la
especulación. Cuando el desarrollo del capital de una país se
convierte en subproducto de las actividades propias de un
casino, es probable que aquel se realice mal”2
Los agentes que operan e impulsan la globalización son las
corporaciones transnacionales. Ellas son las arañas que han
tenido los hilos de araña de l mercado financiero globalizado,
de la interpretación de las economías penetradas por ellas, de
la supuesta economía sin fronteras, para mover el capital
mediante la planeación a escala global en persecución de la
máxima ganancia.
Los ingresos anuales de las 500 mayores corporaciones
transnacionales fueron en 1994 mayores en 50% que el Producto
Interno Bruto de Estados Unidos, 10 veces mayores que el
Producto toda América Latina y 25 veces mayores que el
Producto Interno Bruto de Brasil, la más grande economía
latinoamericana.
El significado de la globalización. Los dichos y los hechos.
Una primera propuesta surgida de la ideología globalizadora es
que han perdido sentido las fronteras nacionales y que ya las
economías no son el referente adecuado para entender esta
economía-mundo. Sin han perdido sentido las economía
nacionales, entonces se ha quedado sin base de sustentación
económica propia el Estado-nación y resulta cuestionado el
concepto y el ejercicio de la soberanía nacional en tan vital
esfera.
El manejo de la economía nacional no puede hacerse entonces si
no es sometida a imperativos globales no surgidos del
consenso, sino de la imposición de una realidad que se afirma
es la única posible.
A lo anterior habría que señalar el hecho de que la
globalización no es una novedad escapada de toda previsión
marxista. La vocación internacional del capital -uno de sus
rasgos definitorios- hizo posible que el dominio capitalista
tuviera como uno de sus ingredientes el establecimiento de un
sistema mundial, el primero propiamente dicho en la Historia
de la Humanidad. Desarrollo capitalista y crecimiento de un
entramado de relaciones económicas-internacionales fueron
analizados hacia el pasado y pronosticados hacia el futuro por
los clásicos del marxismo desde mediados del siglo pasado. Esa
misma vocación internacional, ahora asistida por los colosales
avances científico-tecnológicos da como resultado un
elevadísimo grado de internacionalización del capital.
Pero esto no elimina la pertenencia nacional de los capitales
ni equivale a una homogeneización de todas las partes de la
economía mundial.
2John Maynard Keynes: Teoría de la ocupación, el interés y el dinero. Fondo de Cultura Económica,
1963, pág. 157.
Esta internacionalización-globalización sigue mostrando los
vínculos finalmente determinantes entre la corporación global
y el Estado matriz, aunque ahora ese vínculo sea más complejo
y con frecuencia no reducible exclusivamente a la economía.
Las corporaciones globales son de hecho integrantes de la
“seguridad nacional” de su Estado-matriz y aquí se incluyen
los intereses de ponderio militar, el espionaje económico,
tecnológico y financiero ejercido sobre los “aliados
globales”, Exxon, Bayer o Toyota venden e invierten por todo
el mundo y su objetivo es maximizar ganancias para sus
accionistas, pero esto no las independiza del país donde
radica la matriz, la mayoría del stock y donde pagan
impuestos.3
La Globalización japonesa es un ejemplo claro de integración
corporaciones-estado para producir hacia el interior de la
economía japonesa y en su accionar externo un modelo de
desarrollo capitalista que recién ahora ha mostrado sus
primeras grietas, pero en el que siempre ha sido evidente la
acción del estado en defensa de las corporaciones y la
utilización de éstas como elementos de elevación del ponderio
nacional, de su seguridad, de su estrategia regional y
mundial.
3John Sax Fernández: Globalización y regionalización. Periódico Excélsior, México, 9 enero 1996.
Por último, ¿qué son las ácidas acusaciones que el gobierno
norteamericano hace a su homólogo japonés para que abra su
economía y reduzca sus exportaciones a Estados Unidos, y a los
europeos para que dejen entrar excedentes agrícolas
norteamericanos a la “casa europea”? Es obvio que se trata de
la defensa de los intereses de sus corporaciones por parte del
estado norteamericano, más allá de la retórica globalizadora,
la independencia y la economía mundo.
La supuesta tendencia a la igualación entre las partes de la
economía mundial, es una dolorosa ironía. Nunca antes se habló
tanto de la igualación y nunca antes fue tan profundo el
desarrollo desigual entre las partes del sistema.
La igualación u homogeneización de algunos componentes es
selectivamente absolutizada para ocultar la enorme desigualdad
o heterogeneidad.
¿Qué se ha homogeneizado en el contexto de la globalización?.
Permaneciendo en el terrero de la economía y por tanto,
obviando las igualaciones globales en el consumo de Coca Cola
o el frívolo interés por las prácticas sexuales y el cambio de
color de Michael Jackson, es visible la homogeneización del
mercado financiero como síntesis de una forma compleja de
movimiento internacional del capital que incluye sus
dimensiones comercial y de servicios, que se superpone y, por
el momento determina en cierto grado su dimensión productiva.
Este mercado financiero homogeneizado da a la economía mundial
la imagen de la gigantesca Bolsa en perpetua interacción con
las diferentes Bolsas radicadas en diversos países, pero
regidas todas por principios homogéneos, cotizando títulos de
valor similares y muchas veces iguales e interconectadas por
las maravillas de la informática y la voracidad especulativa.
También se ha homogeneizado en alto grado el discurso
predominante sobre economía. Probablemente sea este el mayor
éxito de la globalización y de allí extraiga su mayor fuerza
para dominar las mentes y moldear las políticas económicas en
buena parte del planeta.
Ese éxito consiste en que el mismo discurso de matriz
neoliberal, privatizador, aperturista y desregulador, que da
como verdad establecida la incurable ineptitud económica del
estado, se repite en Washington, en las capitales europeas, en
las capitales latinoamericanas, asiáticas y africanas, sin que
las abismales distancias en términos de desarrollo, recursos y
riqueza, introduzca el menor cambio o esfuerzo de adaptación.
La globalización del discurso económico a nivel de la economía
capitalista mundial es una realidad evidente, aunque ya no con
la unanimidad sin fisuras que tuvo en años anteriores, La
brutalidad de la camisa de fuerza neoliberal ha triado pobreza
sin desarrollo y equidad y el proceso comienza a ser admitido
mediante la búsqueda de paliativos que adoptan nombres como
liberalismo social, capitalismo con rostro humano u otros.
La globalización de las políticas económicas es también real,
pero con menor cobertura que la globalización del discurso.
Las políticas económicas que tienen como emblema las fórmulas
del FMI ha sido un exitoso producto de exportación desde
países desarrollados hacia el Tercer Mundo.
Se ha homogeneizado a casi todo el mundo subdesarrollado en
una práctica de la misma política económica, de la cual se han
distanciado cuidadosamente los que a nivel de discurso las
exaltan y proponen desde tribunas de gobierno, académicas,
empresariales y de organismos económicos internacionales.
Las consecuencias para el Tercer Mundo de esta capitulación
intelectual y política que ha relegado al olvido los esfuerzos
por elaborar teorías y políticas de desarrollo pensadas desde
el subdesarrollo y para el, son imposibles de cuantificar en
los años ya transcurridos y en los que resten, pero la
tragedia esta a la vista: hay demasiado pobreza, hambre e
inequidad en la estela de la privatización y el “sálvese quien
pueda” del mercado perfecto.
Esta globalización de la ideología económica ha erradicado el
debate sobre conceptos y modelos de desarrollo diferentes que
fue tan rica en los años 60 y 70. No se escucha más que un
monólogo sobre como nivelar las políticas dentro de un único
modelo y en la misma medida se ha reducido el espacio de
maniobra y de negociación de los subdesarrollados. La más
significativa victoria de la globalización neoliberal y la
“teología del mercado” ha consistido en lograr que las
víctimas piensen en los mismos términos que los victimarios.
Incluso se ha establecido una increíble separación entre los
conceptos de buen estado de la economía y bienestar de la
mayoría de la población.
En contra del elemental sentido común, encontramos sólidas
reputaciones del buen estado de la economía y experto menejo
de la política económica en países donde un pequeño segmento
poblacional de ricos cada vez más ricos alza sobre unas capas
medias que desaparecen y en su mayoría se suman al polo de los
muchos pobres que lo son más. La globalización neoliberal ha
llegado a los extremos de aceptar como necesario y aún más
como estimulante y conveniente, una tasa de desempleo que
hubiera escandalizado a Adam Smith, David Ricardo, John M.
Keynes o cualquiera de los economistas orgánicos del sistema
que creían en cierto destino capitalista de elevar el
bienestar de toda la población en correspondencia con la
vocación universal del sistema.
También ha llegado a clasificar a los países en “rápidos” y
“lentos”. Estos últimos -incapaces de insertarse en el mercado
mundial- resultan sobrantes para un sistema que dice no
necesitarlos. Es la primera vez en la Historia del Pensamiento
Económico que se proclama a millones de seres humanos -por
ejemplo, casi toda Africa Subsahariana- como sobrante y sin
ningún sentido, futuro o espacio en la economía globalizada.
Otro logro de la globalización es la generalización de la
igualdad formal de todos los países en el mercado mundial.
Todos aparecen como iguales -Estados Unidos y Burundi,
Alemania y Haití- ante el supremo dictamen del mercado.
Desaparecieron virtualmente concepto como los de trato
preferencial y no reciprocidad, por los cuales libraron duras
batallas en décadas pasadas los países del Tercer Mundo.
Desaparecieron instrumentos de protección de los productos
básicos exportados por los subdesarrollados, como los
Convenios de Productos Básicos. Con el argumento de que
interferían el perfecto engranaje del libre mercado, fueron
echados a un lado. Resultado visible: entre 1980 y 1993 la
América Latina perdió unos 300 mil millones de dólares por
deterioro de los términos de intercambio4
La homogeneización o igualación no muestra otros avances. No
representa el fin de la heterogeneidad y las contradicciones,
ni tampoco el fin de la Historia, a pesar de haber obtenido -
con la desaparición del campo socialista- una importante
atenuación de la contradicción capitalismo-socialismo.
Heterogeneidad y Contradicciones.
4Cálculos del CIEM
La globalización no es la llegada a un estado igualador en que
la heterogeneidad y las contradicciones desaparecen. Por el
contrario, es un nuevo momento del desarrollo desigual
capitalista. Solo que ahora con unos niveles tan elevados de
desarrollo científico tecnológico que expresan la necesidad de
un uso y control social, planteando la contradicción con su
apropiación y dominio probados en términos ya no solo de lucha
de clases, sino de sobrevivencia de la especie en tanto
convivencia en relaciones sociales y en tanto continuidad de
la vida en un entorno ecológico sustentable.
Sería imposible desarrollar en extenso los comentarios sobre
el rosario de contradicciones -viejas con nuevas formas y
nuevas con vieja esencia- que hoy actúan en el escenario
globalizado de la economía mundial. Lo que sigue no va más
allá de la simple mención.
Ya conocemos el alto nivel de interconexión electrónica que
permite transferir en segundos magnitudes de capital
semejantes a los Productos Brutos de muchos países, sin
regulación alguna. Sabemos que la base productiva, la economía
“real” se achica cada vez más en relación a una enorme
superestructura financiero-especulativa que ha adquirido no
solo autonomía, sino mando sobre aquella. Pero, mientras más
crece este distanciamiento, más crece este distanciamiento,
más frágil se hace el sistema.
La globalización de la producción requiere estabilidad en la
política económica y especialmente en las finanzas. La
globalización financiera tiene hoy el mando porque domina la
creación de crédito, el que a su vez determina el futuro de la
producción, pero estas finanzas son una volátil cadena de
interdependencias sin regulación, expuesta a una ruptura por
la misma fuerza especulativa creada.
Las inmensas masas de capital que se mueven en el mercado
financiero globalizado (las transacciones diarias bursátiles
ascienden a no menos de 1 millón de millones de dólares)
poseen una tremenda fuerza destructiva potencial y no hay
regulación efectiva sobre ellas. Hechos tales como el continuo
crecimiento de la deuda externa e interna de Estados Unidos,
el endeudamiento de América Latina y del tercer Mundo o las
encendidas pugnas monetarias entre norteamericanos, europeos y
japoneses, constituyen algunos de los posibles detonadores de
un desplome que sería tanto más grave mientras más
globalizadas a interdependientes sean las economías.
Junto a la globalización marcha la regionalización de la
economía mundial. Son procesos contradictorios que apuntan a
un escenario de choques interimperialistas ahora elevados a
niveles de región.
La formación de bloques regionales -Unión Europa, Japón y su
relativo dominio en su zona económica, Estados Unidos con el
TLC y su proyectado bloque incluyendo toda América Latina- que
crean zonas preferenciales hacia el interior y excluyentes
hacia el exterior son una negociación de globalización. Esta
coexiste con la tendencia a la fragmentación del sistema
económico implantado después de la Segunda Guerra Mundial, en
virtud de la pérdida relativa de hegemonía por parte de
Estados Unidos y la consiguiente dispersión del poder
económico e incapacidad de cualquier otro país para
“coordinar” el funcionamiento global del sistema.
Esta regionalización no ha podido evadir las viejas y tenaces
tendencias contradictorias señaladas por Marx y Lenin, ni al
interior de los bloques regionales y menos aún en las
relaciones entre ellos.
La Unión Europea, siendo el proceso de integración más
avanzado que hoy pueda encontrarse, se encuentra sometida a
fuertes tensiones que han alejado las ambiciosas expectativas
del Tratado de Mastrich. La unión monetaria se disuelve en la
imposibilidad de sortear las fuertes contradicciones entre
Alemania, Gran Bretaña y Francia. El resto de los países ve
con recelo el crecimiento del poderío económico alemán,
incluyendo su mejor aprovechamiento de las nuevas áreas de
beneficio económico abiertas en Rusia, en otras ex-repúblicas
soviéticas y en los países ex-socialistas en Europa del Este.
Suiza permanece fuera de la Unión y en varios países las
fuerzas con expresión electoral un favor de la Unión apenas
aventajan a las fuerzas que se oponen.
Por su parte, las relaciones entre los bloques son una muestra
de que las pugnas de siempre no han desaparecido en un remanso
globalizado, sino que permanecen, crecen y se hacen más
peligrosas después de haber desaparecido el factor de
contención que significó la URSS.
El excedente comercial de Japón con Estados Unidos sigue
siendo la manzana de la discordia. El gobierno norteamericano
pugna por abrir el mercado japonés a las exportaciones
norteamericanas para reducir su déficit, utilizando toda la
gama de violaciones al libre comercio, que al mismo tiempo se
adora como fetiche.
Topes cuantitativos, aranceles, aplicación de la agresiva ley
norteamericana Super 301 e incluso amenazas de manipular la
cotización del dólar para provocar el alza del yen respecto a
la moneda norteamericana y reducir la competitividad japonesa,
conforman una tensa rivalidad que no se reduce a lo económico,
pero que en este terreno tiene su principal manifestación.
Se trata de fijar topes cuantitativos a las importaciones
norteamericanas de bienes o servicios japoneses como
automóviles y sus componentes, licitaciones de obras públicas,
tecnología médica, telecomunicaciones, teléfonos celulares.
Estados Unidos acusa a Japón por la piratería de materia de
propiedad intelectual, por supuesta apropiación de películas,
programas de computación, discos, libros. Por su parte Japón
acusa a Estados Unidos de no cumplir sus compromisos de
reducción de gravámenes a la importación de productos
electrónicos japoneses.
Otra enconada batalla tiene lugar entre Estados Unidos y la
Unión Europea. El gobierno de Estados Unidos acusa a la Unión
europea de aplicar tarifas proteccionistas de su sector
agrícola en productos como granos, lácteos, carne de res,
pollos, huevos. Esto irrita a los intereses norteamericanos
que quieren acceder con sus excedentes agrícolas al
considerable mercado europeo.
Estados Unidos quiere dominar totalmente el mercado
aeronáutico mundial y le molesta el consorcio Airbus, al que
acusa de violar las reglas del libre comercio por recibir
subsidios de los países europeos que lo integran. También
acusan a los europeos de practicar el favoritismo hacia sus
empresas y en represalia, expulsarlos de la licitación de
contratos públicos en Estados Unidos en sectores como energía,
transporte y telecomunicaciones. Han aplicado altos aranceles
a las exportaciones europeas de acero, acusándolas de
practicar el dumping.
Entre la Unión europea y Japón tampoco reina el idilio, aunque
los choques no sean fuertes como los existentes con Estados
Unidos.
Europa presiona a Japón para que éste libere las importaciones
de productos europeos competitivos como servicios financieros,
satélites de comunicaciones y alimentos procesados, mientras
amenaza con aumentar las limitaciones para la entrada de autos
japoneses al mercado europeo.
El intento grotesco de recrear la Enmienda Platt casi un siglo
después, llamado Helms-Burton tiene, además de su objetivo
central enfilado a destruir la Revolución Cubana y su
insoportable ejemplo de resistencia, un ingrediente de interés
imperial herido y desafiado en lo que considera su bloque
regional para movimiento preferente de sus capitales. La
presencia de capitales europeos y aún más humillantes, de sus
asociados en el TLC, Canadá y México es expresión condensada
de la incapacidad norteamericana para ordenar a su manera la
economía globalizada y al mismo tiempo, de sus peligrosas
pretensiones de hacerlo.
Otro foco de contradicciones, probablemente las más explosivas
en términos sociopolíticos está dado porque el avance de la
globalización marcha de la mano con el avance de la pobreza y
la polarización social. Es innegable que los años ochenta y
los de ésta década han sido los de distaciamiento abismal
entre riqueza y pobreza no solo entre países desarrollados y
subdesarrollados, sino en los trozos de Tercer Mundo que
crecen en todas las economías desarrolladas y se alimentan,
entre cosas, de una migración de pobres a la que se pretende
frenar echando gasolina a las llamas, con racismo, xenofobia y
represión.
En 1960 el 20% de la población mundial recibió ingresos 30
veces más elevados que los del 20 % más pobre, En 1990 el 20%
más rico recibía 60 veces más. Esta comparación tiene en
cuenta la distribución entre países desarrollados y
subdesarrollados, pero si se considera la desigual
distribución al interior de los distintos países, entonces el
20% más rico recibe ingresos por lo menos 150 veces superiores
a los del 20% más pobre.5
Otra forma de expresar esta tragedia es que el 20% más rico
recibe el 82.7% de los ingresos totales del mundo, en tanto
que el 20% más pobre recibe el 1.4% de ellos6
El crecimiento económico mundial no se filtra hacia abajo. Es
la globalización capitalista neoliberal la que se asienta
sobre ese polvorín y se debate en el dilema de no poder
desarrollarse sin alimentar simultáneamente la bomba de alta
explosividad social que conforma un orden mundial no
sustentable, sin futuro.
En América Latina, escenario predilecto de la política
neoliberal de laboratorio, existen unos 84 millones de
indigentes, estadio de pobreza difícil de superar. Esto
significa que caso uno de cada cinco latinoamericanos se
clasifica estadísticamente como indigente después de unos
5PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 1992, Tercer Mundo Editores, Bogotá, Pág. 18.
6IBID, Contraportada.
quince años de sostenida aplicación del neoliberalismo para
erradicar la ineficiencia estatal y dejar que el mercado sin
controles y la iniciativa probada traigan el desarrollo.
Tampoco la globalización neoliberal puede mostrar en su favor
estabilidad política después de la desaparición de la URSS y
el llamado socialismo real.
Por el contrario, la fuerte oleada de explosiones étnicas, de
disputas territoriales y fundamentalismos religiosos, de
desaparición y surgimiento de estados en el fragor de guerras
locales como en el caso de Bosnia, en el corazón de Europa, y
en otros varios puntos del planeta, ponen de manifiesto que el
triunfo momentáneo sobre el socialismo no eliminó la
conflictividad inherente al sistema y que ésta sale a flote
desde su núcleo profundo de explotación, exclusión e
inequidad, asumiendo formas nuevas, sorprendentes y también
formas viejas y peligrosas como el renacer del fascismo.
El mundo supuestamente homogeneizado por la globalización,
impregnado por el mensaje mediático del capitalismo como única
realidad posible y recorrido de un extremo a otro por
transnacionales portadoras de similares valores, es no
obstante, más inestable, disgregado y políticamente explosivo
que nunca.
El último foco de contradicciones que serán mencionadas es el
que tiene en su centro la destrucción del medio ambiente.
Señalan algunos que los humanos son la única especie que con
fatal irresponsabilidad va serruchando la rama en que se
apoya. Esto no es otra profecía catastrófista, sino una
realidad tan precisa como una demostración matemática a partir
de la continuación de las actuales tendencias en materia de
depredación ambiental.
Los libros, documentos, películas e incluso Conferencias de
Naciones Unidas con carácter de Cumbres Mundiales como la
efectuada en Río de Janeiro en 1992, que han alertado, hecho
recomendaciones y tomado acuerdos para detener la fatal
carrera hacia la destrucción de las condiciones de vida en el
planeta, son abundantes, de excelente calidad los más y
podrían ser suficientes para explicar la suprema gravedad del
problema y provocar su entendimiento.
Pero, depredación ambiental y globalización capitalista
neoliberal también marchas inexorablemente unidas por razones
que tienen que ver más con las cuentas bancarias que con el
raciocinio. Desde siempre, la ley de la ganancia pasó por
encima de la ecología en la historia del sistema, pero el
capitalismo de la globalización tiene mucha capacidad
destructiva y la posibilidad de destruir el medio ambiente en
cualquier lugar del mundo. universalizando tecnologías o
exportando contaminación.
La protección del medio ambiente, incluida la protección del
trabajador es un elemento del costo que disminuye la ganancia
y contra ese hecho esencial se estrellan las advertencias y
alertas de los científicos.
En el efecto invernadero, en la lluvia ácida y en la
destrucción de la capa de ozono pueden encontrarse causales
básicas que identifican a la industrialización, la
comercialización y el consumo encuadrados en la búsqueda del
máximo beneficio de mercado. En la deforestación y la
desertificación, se encuentra también lo anterior en compañía
de las presiones que la pobreza y el subdesarrollo inducen
sobre el medio por vía de las precarias condiciones de vida de
las poblaciones.
Todo parece demostrar que en tanto el lucro capitalista sea el
árbitro de la creación y aplicación de tecnologías, de la
distribución territorial de la producción, de la implantación
y difusión de estilos de vida consumistas y derrochadores, no
habrá freno al deterioro ecológico y continuarán
globalizándose las vías y modos de destruir al planeta. En
esas condiciones, el crecimiento y la expansión del sistema
serán aceleradores de la crisis económica.
Más allá de la torrencial propaganda que postula las
excelencias de la globalización como la victoriosa apoteosis
del capitalismo, allá no es más que un nuevo peldaño -¿quizás
el último?- en la acumulación del capital; en el que al
sistema le estorba para algunas cosas la intervención del
Estado, y dotado de los poderosos medios de movimiento e
información que le ha entregado la revolución científicotécnica,
ahora privilegia el “libre mercado” y la especulación
financiera a escala global.
Al hacerlo no encuentra el tranquilo sueño de la victoria
global, sino más bien la globalización de la inestabilidad, el
crecimiento de las contradicciones y del malestar social que
emana de la incapacidad del sistema para lograr que miles de
millones de habitantes del planeta alcancen el humano derecho
de vivir como seres humanos.

http://www.redem.buap.mx/acrobat/martinez3.pdf

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